Todo llega a su fin, el bachillerato se acabó, ahora mismo no sabe uno como sentirse, orgulloso de haber llegado hasta aquí desde luego.

Llevaba tiempo esperando que llegara este momento, quizás uno no sabe cómo afrontarlo. La vida de aquí a unos meses va a cambiar drásticamente, porque voy a ir a la Universidad, un entorno totalmente nuevo y extraño. Pero eso no quiere decir que lo extraño sea malo, sino que es algo diferente una nueva etapa que vivir y disfrutar.
Existe un cierto temor por la EVAU, que ahora tras hacerla veo que tampoco es algo exageradamente difícil, yo creo que lo difícil en sí es 2° bachillerato que es un truño a nivel de tantos exámenes y trabajos que se te juntan y lo ves todo muy negro, además de que hay que añadirle que yo haya hecho el Lomloe y el bachillerato internacional con el triple de trabajos y de exámenes. Es una carga con la que a veces toca tener semanas que no has descansado nada, tener tantas cosas que hacer que uno no sabe por dónde empezar, perderme viajes y hacer menos deporte del que me hubiera gustado. Son muchas las cosas que uno deja por el bachillerato, pero estoy convencido que he hecho lo mejor y eso me llena de felicidad. Lo cierto es que estas cosas se pueden retomar poco a poco.
Considero que tomé la mejor decisión al irme de mi antiguo instituto y ampliar horizontes, porque tengo una formación más ampliada para los retos que me lleguen. No es porque odiara a mi antiguo instituto, sino que sentía que yo quería irme por otro camino y buscar un entorno que me favoreciera y «Bingo» lo encontré y no puedo estar más agradecido de ello. Lo vivido ha sido un sinfin de cosas, de sentimientos brotando como un árbol, de alegrías y decepciones en cuanto notas, de disfrutar con la gente que está a tu lado y de apoyarse cuando las cosas nos pueden ir no tan bien como quisieramos. Es así, uno puede vivir ciertos momentos desesperantes, pero es aquí dónde se construye a sí mismo y siento que uno crece ante las circunstancias.
Desde luego que uno lo podría haber gestionado mejor en cuanto al tiempo teniendo dos bachilleratos, pero no me arrepiento de haber hecho los dos bachilleratos, porque es algo que me ha llenado y construido como persona. Al principio de primero sufrí para adaptarme ante una etapa tan cambiante, creo que fue un poco el sentimiento generalizado entre todos mis compañeros. Al final conseguimos superar todas las circunstancias y adversidades, sabiendo que lo malo es pasajero y todo lleva a tiempos mejores. Por lo que no me arrepiento de haberme metido al Bi es por los compañeros cojonudos que hay, que les quiero un montón y con los que he pasado momentos extraordinarios. También por el trato tan cercano con los profesores y todos los momentos que me llevo y que siempre recordaré. Porque el bachillerato me ha supuesto tener mis momentos de alegría y de tristeza que me han hecho crecer, conocerme más a mí mismo, disfrutar con los amigos, atreverme a hacer cosas, perder la vergüenza, ser uno mismo y mejorar como persona.
Recordar es guardar en tu memoria momentos que te han llenado y que hacen que el corazón lata al acordarse de momentos únicos. Recordar es saber que aunque no vuelvan esos momentos, la gente sigue en el corazón y siguen como amigos, que puedes seguir en contacto con profesores que te han inspirado y que lo vivido tiene el valor por sí mismo de que no va a repetirse. Por lo tanto todos los sentimientos del bachillerato aunque sean vividos de manera intensa en el momento que ocurre, sigue perdurando en la conciencia de uno.
Es en lo efímero y lo fugaz dónde se encuentran las cosas más bellas, en Bachillerato que son cursos jodidos uno se da cuenta que son esas pequeñas cosas y esas grandes personas que están a tu lado las que te sacan una sonrisa, las que te ayudan cada día, a ellos y ellas gracias por ser quiénes sois y por estar ahí. Y son esos profesores/as que te ayudan y que quieren lo mejor para tí los que te dejan huella.
Ahora toca pasar en el siguiente capítulo de nuestro libro. Esto se escribe cada día, en cada momento, uno quizás no sabe el futuro, pero uno hace el presente, vive en el hoy, disfruta de cada momento, valora el camino recorrido en su historia, el camino por recorrer.
Uno se da cuenta que quizás uno no alcanza lo que quiere. Pero es que lo que uno quiere a veces no es algo concreto como lo hacemos ver, sino algo de lo más variopinto que nos produce ese sentimiento llamado felicidad. Una nueva etapa es un reto, pero lo que más significa para cada uno es una oportunidad que se ciñe con el tiempo sobre la incertidumbre habitual de un momento así.