Saltar al contenido

Cuando volví a ver el amanecer

Hubo un tiempo adverso en el que parecía que la esperanza ni existía, 
ni un resquicio había de ella en mí.
Ya ni en ella creía porque ni
la veía ante esa tenebrosa oscuridad
que sobre mí se ceñía.

Me olvidé de la luz cuando más la necesitaba, me olvidé de sonreír porque ya ni me acordaba de reír, me perdí en el planeta porque ya ni me encontraba en él.

Al fin y al cabo era yo el que estaba perdido en un mar de niebla, unos ríos de lluvia y unas rejas en la oscuridad que me cegaban la luz y el camino por donde la noche no me atraparía.
Entonces una luciernaga de luz y de fe me recordó que muchas veces no es lo que vemos, sino lo que está oculto en ese telón de noche en el que nos sumimos y al que las circunstancias a veces nos llevan. Al destaparlo con ayuda del otro y el esfuerzo de uno mismo podemos descubrir un oasis de tranquilidad y paz dentro de la oscuridad.
Esa luciernaga también me recordó que hubo un tiempo en el que había amaneceres, aunque yo solo vivía en la noche, recordé que eso existía y que ella no mentía.
Cuando la noche te ciega, has de aguardar porque ahí encontrarás ese camino tan escondido y tan bonito que lo ves cada amanecer y resulta que también cada día. Es triste olvidar por un momento esos amaneceres y esa luz del día, pero lo bonito de eso es que cuando vuelve con tu esfuerzo y con la ayuda de tus seres queridos la sonrisa te la devuelve.

Al salir de ese túnel de oscuridad te das cuenta de que cada uno lleva una luz y damos parte de esa luz a los demás porque también recibimos la luz de los demás. A veces brilla más y a veces brilla menos, pero esa luz hay que cuidarla porque es mi luz,tu luz, nuestras luces y vuestras luces.

No quita que no haya bombillas rotas que nos quieran robar nuestro destello y sembrar oscuridad; pero somos más luces que iluminan que las que oscurecen, solo que las que oscurecen consiguen tener más voz.

Ante los que quieren hacernos ver que nadie tiene luz y que la realidad y el humano es solo odio, ante las circunstancias difíciles en la vida hagamos cada uno individualmente que nuestro entorno sean luces de humanidad y que sepamos abrirnos a entender al otro se parezca a nosotros o no, porque ellos también son luces y a veces pueden estar más apagadas aunque lo esconda.

Con el tiempo hay que saber que la luz que está funcionando peor tiene momentos que explotan de toda esa bola que se acumula. Pero muchas veces no llegan a explotar porque las otras personas las escuchan y comparten una luz en la que apoyarse para volver a brillar y dejar de ser absorbido por la oscuridad.
No es un trabajo fácil, pero no hay mayor felicidad que las vidas compartiendo sus luces mientras esos amaneceres y esos días nos iluminan.

Hoy que ya veo la luz entiendo que a veces pasamos por la noche con un brillo más apagado, pero eso es una parte de la vida de la luz y encontrar el camino para brillar,aunque no te niego que no cueste, es parte del apasionante camino de encontrar nuestra propia luz con su intensidad regulada y con su felicidad encontrada.

No  hay que olvidar en la noche ni en el día la senda de las estrellas,
que son aquellas luces que marcharon, pero por la luz que nos dejaron siguen presentes en el cielo
siendo parte de nuestro recuerdo y del amor que han dejado parte del camino nos los han marcado.
Dedicado a las luces que hacen del mundo humano y a las luces que iluminan y me han dado parte de su brillo para ir forjando mi luz propia.

Esto es una reflexión poética del significado de la luz y la noche, de qué es ser luz o humano.  Y de la necesidad en la vida de buscar y conectar con otras luces con las que contar y convivir con ellos, abriéndonos a esas luces que nos han dado parte de su luz y que han ayudado a que recuperemos la fuerza y el brillo en nuestra vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *